20/06/2026
Cuando una empresa revisa su web suele fijarse en diseño, contenido, SEO o velocidad. El cumplimiento queda en segundo plano hasta que aparece una reclamación, una incidencia o una pregunta difícil de responder.
La normativa depende de la actividad, los datos tratados, las tecnologías utilizadas, el público y los servicios ofrecidos. Por eso, esta guía sirve como punto de partida y no sustituye el asesoramiento jurídico aplicable a cada caso.
La web debe permitir identificar al responsable y acceder de forma clara a la información exigible según su actividad. La Ley de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico regula, entre otras cuestiones, la información general de los prestadores y las comunicaciones comerciales.
Denominación, datos de contacto, domicilio, información registral o profesional y condiciones de uso deben corresponderse con la realidad. Un aviso legal antiguo puede mantener datos, servicios o responsables que ya han cambiado.
Cada formulario recoge datos para una finalidad concreta: responder una consulta, preparar un presupuesto, gestionar una candidatura o enviar comunicaciones.
La información facilitada al usuario debe explicar, de forma accesible, quién trata los datos, para qué, con qué base jurídica, durante cuánto tiempo, a quién pueden comunicarse y cómo ejercer sus derechos.
También conviene revisar casillas premarcadas, consentimientos agrupados, campos innecesarios y herramientas externas que reciben información. El texto debe describir el tratamiento real, no un modelo genérico.
El banner visible es solo una parte. Primero hay que comprobar qué cookies, píxeles o tecnologías se activan y con qué finalidad.
Las cookies no exceptuadas requieren información y consentimiento antes de utilizarse. La guía de la AEPD indica además que rechazar debe ofrecerse en la misma capa, al mismo nivel y con una visibilidad similar a aceptar.
El usuario debe poder configurar por finalidades y retirar su consentimiento. Añadir una herramienta de analítica, publicidad o chat puede cambiar lo que la web instala, aunque los textos permanezcan iguales.
Una tienda online necesita informar con claridad antes de la compra: características del producto o servicio, precio total, impuestos y gastos, medios de pago, entrega, garantías, atención de reclamaciones y, cuando proceda, desistimiento.
Las condiciones deben poder consultarse y conservarse. El proceso de compra, la confirmación del pedido y las comunicaciones posteriores tienen que corresponderse con lo que la empresa puede cumplir.
Desde el 28 de junio de 2025, la Ley 11/2023 aplica requisitos de accesibilidad a determinados productos y servicios dirigidos a consumidores, entre ellos los servicios de comercio electrónico.
La propia ley contempla una exención para las microempresas que prestan servicios dentro de ese título, además de reglas y excepciones que deben valorarse según cada caso. Otras obligaciones pueden resultar aplicables por la naturaleza de la entidad o del servicio.
Más allá de la obligación legal, una web accesible amplía el público y suele mejorar navegación, comprensión y calidad técnica. Contraste, teclado, estructura, formularios, textos alternativos y subtítulos son algunos puntos básicos de revisión.
La seguridad influye en la protección de datos y en la continuidad del servicio. Certificado, actualizaciones, copias, usuarios, permisos, formularios y proveedores externos necesitan mantenimiento.
Una web abandonada acumula vulnerabilidades y dependencias. También conviene saber quién recibe alertas, cómo se restaura una copia y qué procedimiento existe ante una incidencia.
Dos empresas del mismo sector pueden tratar datos distintos, utilizar proveedores diferentes y vender de otra forma. La política debe corresponderse con los procesos y con la configuración técnica.
Además, la web cambia. Una campaña añade un píxel, un nuevo formulario solicita más datos, se incorpora una plataforma de reservas o se sustituye el sistema de pago. Cada cambio puede exigir una nueva revisión.
Una web correcta el día del lanzamiento puede dejar de serlo después de varios cambios. Integrar la revisión legal, técnica y operativa en el mantenimiento reduce riesgos y evita que los textos se separen de la realidad.
En Estudio Seijo revisamos los aspectos técnicos y funcionales de la web, detectamos desajustes y coordinamos la validación especializada cuando el proyecto lo requiere.
https://estudioseijo.com/noticia/auditoria-web%3A-7-errores-que-pueden-estar-costandote-clientes